martes, 20 de febrero de 2018

#Writéroes: Velocidad


Writéroes: Velocidad

Más.

Necesito ser más rápido. Mucho más. Más salto, necesito que mi cuerpo sea más largo. El balón va a caer si no hago algo. Si no soy más rápido. Si no tengo más.

Necesito llegar a ese balón.

Necesito más... velocidad.

Si el balón cae, he perdido. Hemos perdido. Todo por lo que luchamos, todo por lo que soñamos, lo perderemos si dejo que ese balón caiga.

—¡Joder! —maldigo en una fracción de segundo, al ver que no puedo llegar.

Pero tampoco puede caer.

—¡Yeray, sálvala!

La voz de mis compañeros me alienta en ese segundo vital, los coros de los espectadores se callan repentinamente. 

Todos los ojos están sobre mí.

Necesito más.

Más.

Estiro el brazo. Lo veo estirarse frente a mis ojos. Pero el balón está demasiado lejos. No voy a llegar.

Pero tengo que llegar.

Escucho el propio latido de mi corazón detenerse, las respiraciones de mi alrededor parándose, y cierro los ojos. Sé que no llegaré, pero quiero imaginar.
Imaginar que mi brazo toca el balón, que este se eleva. Que por algún milagro se levanta y un compañero mío la coloca para el rematador, que encaja el punto que nos hace tanta falta para que nuestra llama de ilusión siga viva.

Me imagino tocando el balón, la sensación del caucho chocando contra mi puño y elevando esa pelota a la victoria.

Si tan solo pudiera teletransportarme un par de centímetros...

Solo unos centímetros...

Las lágrimas de frustración empiezan a salir, cuando, de repente, mi mano toca algo. Algo... como un balón.

Escucho los vítores y los gritos de asombro mezclados con alegría. Pienso que es la afición de los contrarios, y mi cuerpo choca contra el suelo del gimnasio de manera brusca. En ese momento, lo escucho.
La alegría de mis compañeros.

—¡Así se hace, Yeray, joder! ¡Muy bien, tío! —me felicita el capitán, y le miro de reojo.

Toca el balón.

El balón está en el aire.

Abro la boca con gran asombro. Cómo. Cómo es posible.

No puedo haber llegado. No puedo haber tocado ese balón. No puede ser...

Pero es.

Miro a los rivales. Están tan o más sorprendidos que yo, y no es difícil encajarles el punto en el desconcierto.

—¡Toma ya! ¡Yeray, eres el puto amo! —miro a nuestro líbero, que me tiende la mano mientras el otro equipo sale de su asombro y espera nuestro saque.

—Yo, siempre —río, pero no me sale como siempre.

Acepto su ayuda y me levanto, mirando a mi compañero que se dispone a sacar. Un punto más, y ganamos.

Un punto más, y seguimos en el campeonato.

Solo uno. Y él es nuestro mejor sacador, después de mí, claro.

Como suponía, saca espectacularmente, y los rivales no pueden pararlo. El balón toca el suelo, y yo solo exhalo todo el aire que ni siquiera sabía que estaba reteniendo.

La pelota choca contra el suelo, y al segundo estallamos de alegría. Bueno, mi equipo, yo no. Yo solo puedo mirar al balón y luego volver a mirar mi mano.

—¡Yeray, cabrón, cómo lo haces! ¡Eres un desgraciado! —un brazo moreno me rodea, y miro a Rick con una sonrisa algo forzada—. ¡Tío, me pareció verte desaparecer por un momento! Joder, ¡por ti seguimos en el campeonato!

—No digas... gilipolleces —río algo inseguro.

—¡Yeray, Yeray!

Me levantan en brazos y me llevan a los vestuarios, entre risas y alegría. La entrenadora nos felicita, aún sin poder creérselo ni ella misma.

—¡Chicos, fenomenal! ¡Hemos pasado la primera eliminatoria! No me lo creo aún... —se emociona, y cuando mis compañeros me dejan en el suelo, me mira—. Yeray, si no fuera porque sé que es imposible, juraría que por un momento te teletransportabas.

Río de nuevo y arqueo una ceja.

—Es por mi maravillosa velocidad, ¿sabes? —me jacto, ocultando mi asombro.

Ocultando el miedo a mí mismo.

Sé que no habría podido llegar. Era imposible. No domino las mates, pero sé que no puede ser posible que haya estirado tanto mi brazo sin rompérmelo.

Y no creo en los milagros.

—Hay que arreglar esa modestia, pero ¡ahora hay que celebrar!

Todos gritan a coro, de acuerdo con nuestra entrenadora, y empiezan a dar saltos mientras cantan a coro el famoso "himno" español.

—¡Lolololo! ¡Yeraaaay es el puto campeóoooon!

Me río con ellos y decido no dar más vueltas al asunto.

He llegado, hemos ganado.

Eso es lo importante.

Salut, lectores~

Bueno, se me ha ocurrido esta idea porque VEÍA HAIKYUU Y EL HYPE DE ANTIHÉROES Y YO NO PUDE Y PUES ESO.
Bueno, esto sería el primero. Sería un AU! De Antihéroes como jugadores de Volleyball, y este el de Yeray teletransportándose, obviamente por primera vez.

Como el concurso de Seliria es solo para arte gráfico y no escrito, pues haré estos OS en un hashtag diferente. Será: #Writéroes

En total serán 5 relatos de #Writéroes, incluyendo este: 

1 — Velocidad
2— Tiempo
3— Movimiento
4— Anticipación
5— Ayuda

Si os queréis animar a seguir está iniciativa para pensar cómo los pj descubrieron los poderes, podéis usar el hashtag #Writéroes en Twitter e Instagram, y subir vuestros relatos :3 

Oh, para el concurso también subiré a los Antihéroes like jugadores de Volleyball, concretamente de Haikyuu XD. 

¿Merezco comentario/voto? ¿Disparo? ¿Tartita?

Au revoir~. Nos leeremos pronto~.

jueves, 15 de febrero de 2018

Relato: Feliz San Valentín

Estás en la cocina. El día ya termina, pero todavía no puedes relajarte hasta que estés en tu cama, y un mal presentimiento revuelve tus pensamientos.

Sabes que algo va a pasar.

«¡Goool! ¡Gol del PSG! ¡Ponen el marcador uno a cero!»

Te tensas. Eso es malo. Mejor no salir de la cocina. Te dedicas a lavar los platos y a preparar la comida de mañana. Luego, sin salir de ese espacio tras la puerta de la sala, vas a ducharte para quitar tiempo y ruegas a los jugadores para que empaten el partido.

El agua apaga el sonido de la televisión, pero te alivias cuando escuchas el característico grito de gol del comentarista, esta vez a favor del Real Madrid. Bien, empate.

Cuando terminas, llega ella. Tiene dieciséis años, no sabe nada del dolor y sufrimiento. Ella es feliz, tiene sus miedos, sus defectos, muchas virtudes, y es tu hija al fin y al cabo.

Le sirves su cena y regresas a la cocina. Escuchas que el partido sigue en empate, le oyes maldecir y a la chica reír. Luego, mientras el final del partido se va acercando más y más, pareciendo que va a quedar en empate, escuchas un fuerte golpe.

Silencio.

Pero el silencio dura segundos.

—¡Perdón! ¡Perdón! ¡No lo volveré a hacer! —grita la chica, sollozando.

Asustada, sales de la cocina y corres a la sala. Entonces lo ves, pegándole con fuerza. Ella está tirada en el sofá, intentando defender su rostro como puede y disculpándose entre sollozos fuertes, jurando que no lo volverá a hacer.

Tu hijo pequeño intenta consolarla. Acaricia el rostro de tu hija, lo que tú no eres capaz de hacer. Lo ves hinchado, sus mejillas rojas, sus ojos ardiendo, bañada en lágrimas y te paraliza el miedo.

El niño solo tiene cuatro años. Pero sabe que eso está mal, pero ella le manda callar. Tiene miedo de que reciba lo mismo.

Te sientas a su lado cuando él ha vuelto a sentarse en la silla de la mesa del comedor, volviendo su atención al partido.

—¿Por qué estás así? —le preguntas, y ese es tu error.

Ves como se levanta y te hundes en el sofá con terror. Alzas los brazos para protegerte. Es inútil, él te golpea igualmente. Estás acostumbrada, te dices, pero nunca acabas de acostumbrarte al dolor.

Te deja llorando, tu hijo te consuela con sus pequeños brazos. El partido transcurre, quedan diez minutos. Escuchas el sonido de fondo mientras ves a tu hija mirar la televisión con aire ido, sus ojos brillan de rabia y tienes miedo de que pueda hacer alguna locura. De que se le ocurra contraatacar.

Ves que se levanta, los puños apretados fuertemente. Tienes miedo, pero para tu alivio pasa de largo y se pierde en el pasillo que da a las habitaciones. Escuchas una fuerte pisada en el suelo. Está frustrada, arde en rabia e impotencia, pero no haces nada.

Solo ruegas porque él no lo haya escuchado.

Ella pasa de largo, pijama en mano, directa al baño. Va a ducharse, ya no quiere comer pese a haber dejado más de la mitad de la cena en la mesa.

Cierra la puerta, y tú escuchas un sonido ahogado que quiere decir que se ha esforzado por no dar un portazo. No es tonta, sabe lo que le conviene.

Escuchas unas leves patadas, un canto roto, y sabes que está tratando de descargar su furia contra las toallas. La conoces muy bien.

«¡Goooool del Real Madrid! ¡Le da la vuelta al partido!»

Odias el fútbol.

—¿Nosotras tenemos la culpa de que el Madrid vaya perdiendo? —preguntas al ver que se ha calmado ante el nuevo gol.

Tienes miedo, pero ya no puedes callarte.

—Eres una maldita entrometida.

—¿Por qué estás aquí si no me quieres entonces?

—Quiero mandarlo todo a la mierda, pero por mis hijos no lo hago. ¡Por ellos no lo hago!

—¿Y así es como los quieres? ¿Pegándoles?

Se calla. Seguramente, no quiere arriesgarse a que le denuncies, pese a que sabe que no lo harás. Eres débil, y lo sabes. Pero ellos necesitan un padre, y tu pequeño le adora.

Escuchas la ducha, tu hija se está duchando. La has visto no poder tocar nada con su índice de la derecha, y movía su hombro con dolor. No sabes si le han quedado moretones. Esperas que, por lo menos, no le haya quedado nada en su cara.

«¡Goooool del Real Madrid! ¡Sentencia el partido! ¡Tres a uno! ¡El vigente campeón se alza!»

El partido sigue durante tres minutos de descuento, en los que decides irte a dormir. No quieres verle más, sabes que no irá a la cama, se quedará en el sofá.

Palabras y recuerdos resuenan en tu mente. Sin embargo, la misma te juega una mala pasada, repitiendo la misma frase cada rato, como campanas que no paran de sonar.

Tu propia mente se burla de ti.

«Feliz San Valentín»

martes, 13 de febrero de 2018

Reseña: Warcross


Salut, lectores~. Os traigo mi segunda reseña.



Título: Warcross
Autora: Marie Lu
Editorial: Nocturna
Traducción: Noemí Risco Mateo
Páginas: 426

Bien, primero ubiquemos:

Estamos en un Nueva York futurista, donde nuestra protagonista, Emika Chen, es una hacker cazarecompensas que se busca la vida para pagar su alquiler y, básicamente, comer, tras la muerte de su endeudado padre.

Este mundo está sumamente influenciado por Warcross, un videojuego de realidad virtual que es tan famoso como en nuestra actualidad el fútbol. Emika admira a Hideo Tanaka, creador jovencísimo y multimillonario del famoso videojuego.
Cuando Emika, desesperada, decide robar uno de los valiosos potenciadores en el torneo oficial de Warcross para pagar sus deudas, no se imagina que ese sería el inicio de una gran aventura que cambiará su forma de vida para siempre.

Me ha parecido... aceptable.

Si habéis leído el libro, entenderéis por qué lo digo. Y cuando os lo leáis, volved a leer esta reseña y os seguro que lo entenderéis ;)

Definitivamente, es una trama original, muy visual, algo que me ha gustado y destaco es que es LGBT friendly, pues hay una clara pareja homosexual. Al igual que los personajes no son blancos ni negros, sino grises, y casi al final da un giro sorprendente, aunque algunas cosas te las esperas y otras que te dejan boquiabierta.

Algo que podría reseñar, y que hace que este libro no sea 5 de 5 estrellas, es el romance. Me pareció bastante forzado, considero que podría haber dejado transcurrir un poco más de tiempo.

En general, me ha encantado, y espero muy ansiosa el segundo y último libro de la trama. Por lo dicho, le doy 4 de 5 ★, pero lo recomiendo bastante a quien le guste la ciencia ficción.

Y recordad: «Todo es ciencia ficción hasta que alguien lo convierte en ciencia real».

Próxima reseña: Sólo tú me conoces, Nina LaCour y David Levithan.

lunes, 5 de febrero de 2018

Reseña: La Ciudad de Las Sombras


Buenas, lectores :3

Os traigo mi primera reseña: La ciudad de las sombras de Victoria Álvarez. 



Nombre: La ciudad de las sombras (Helena Lennox #1)

Autora: Victoria Álvarez
Editorial: Nocturna Ediciones
Páginas: 466

Bien, empecemos con una breve introducción a la historia.

Empezamos con un relato en primera persona donde la protagonista se ubica en El Cairo, Egipto. Rondan los años 80, y Helena, nuestra protagonista, le narra a una mujer que va a hacer su biografía sus desventuras hasta llegar donde está.

Esto nos lleva a los años 20 en el Londres que Helena tanto detesta. Acaba de volver con sus padres de Egipto, a donde desea volver. Es una joven de diecisiete años que le gustan las aventuras tanto como a sus padres, y cuando estos deciden dejarla de lado en un viaje a la India en búsqueda de dos arqueólogos desaparecidos en Bhangarh, una ciudad abandonada donde todos los que pisan su castillo después del anochecer desaparece, dejándola a cargo de su tío Oliver y queriendo enviarla a Suiza, ella opta por escaparse y viajar por su cuenta a la India, pese a las advertencias de lo peligroso del viaje.

Esta sería la primera entrega de una trilogía que cobra el nombre de la protagonista: Helena Lennox.

La ciudad de las sombras nos lleva a una exótica India en la cual se distinguen la influencia inglesa en el país, se aprecia el sistema de castas, y donde hay muchos secretos por descubrir.

Me ha encantado este libro por varias razones, pero una de las principales es la personalidad de Helena: rebelde, atrevida, y con una lengua muy afilada. Glotona, traviesa, divertida... es todo lo que uno no se espera de una muchacha de los años 20, y considero que es algo necesario en los libros, una mujer que sea independiente, atrevida, y que nos enseñe que podemos hacer lo mismo que un hombre.

También me gusta la relación de sus padres, y es algo novedoso, pues no me suelen interesar en sí los padres o bien porque no aparecen, o bien porque son muy secundarios. Le da un toque realista que viene bien a un libro así de fantástico. Estoy deseando leer la trilogía de Dreaming Spires, pues habla de la historia centrada únicamente en ellos.

Además, las descripciones de la autora son espectaculares, como si pudieses imaginarte las escenas tal y como si las vieras en una pantalla. Las ilustraciones son, sencillamente, hermosas, y te ubican en el libro y en su ambientación.

He tenido la suerte de hablar con la autora hacer poco, y es que dedica años enteros a la documentación del libro, más de lo que tarda en escribirlo, y ese trabajo se ve muy bien reflejado en la escritura.

Por sacar algún fallo, toda la acción transcurre en pocos días, lo cual pese a que se hace una acción rápida y dinámica, también da la sensación de que va todo demasiado deprisa.

En conclusión, pienso que es un libro muy recomendado a los amantes del misterio, de la arqueología, de la historia y, sobre todo, de la literatura juvenil. Le doy un 5 de 5, porque es uno de los libros que más me han gustado durante lo que llevo de 2018.

¿Y vosotros? ¿Cuáles me recomendáis para seguir el año?

Próxima reseña: Warcross, de Marie Lu.
 

Origireto2018: Febrero #2

No sé cuánto tiempo esperamos, pero a mí no me ha parecido más que unos pocos segundos, debido a la distracción que suponían las maravillas que me rodeaban.

—Siento haberte hecho esperar.

El hada vuela hacia una figura que aparece del agua, propietaria de esa voz.

Ante mí aparece una... ¿persona? No sabría definir muy bien qué es. No es nada que hubiese visto antes —o por lo menos, que recordase, dada mi repentina falta de memoria—. Es una mujer, de cintura hacia arriba recubierta de fuego que me da la sensación de que me quemaré si llego a tocarla, y por piernas tenía una cola de sirena azul cielo, que se confundía con el agua. De su espalda salían cuatro alas que parecían hechas de las mismas nubes que he visto en los árboles.

Vuela con sus alas-nube, y se posa en una roca cercana a mi posición, acariciando sus cabellos de llameante fuego naranja con una sonrisa en su rostro.

Sonará estúpido, pero en ese momento lo único en lo que podía pensar era en cómo el fuego no se apagaba al sumergirse en el agua.

—¿Quién... qué...?

Las palabras no salen bien de mi garganta, y me siento la persona más torpe del universo. Siento el picor en mis mejillas, que indica que me he sonrojado, pero ella tan solo sonríe.

—¿Qué soy? —pregunta con diversión—. Soy una mortana.

—¿Mortana...?

—Somos seres propios de este lugar, recibimos a los recién llegados. Puedes llamarme Marshal.

—¿Tú sabes por qué estoy aquí? —pregunto, con ansia de saber qué me ha llevado hasta este lugar tan... extraño, y sin duda exótico.

—Yo lo sé todo. Sé todo lo que sucede en estas tierras. Mi especie controla este lugar, sabemos hasta cuándo muere la más insignifiante hoja —acaricia el musgo de la roca con suavidad, y para mi sorpresa su mano de fuego no lo quema.

—¿Sabes entonces por qué suena esa canción todo el rato?

La mortana, como se ha definido a sí misma, sonríe más y tengo la sensación de que está burlándose de mí, como si yo fuera u entretenimiento suyo.

—Lo sé, claro que lo sé —se burla—. Pero te lo diré a su debido tiempo.

—Por lo menos dime quién canta —pido.

—No te impacientes, ya lo sabrás —ríe, y es una risa que, como todo a mi alrededor, parece hechizarme.

—Entonces, ¿por qué cada vez siento que mi cuerpo pesa menos?

—¿Siempre preguntas tanto? —rueda sus ojos, de un tono escarlata que destaca entre las llamas—. Oh, perdona, que no recuerdas mucho.

—Estoy empezando a pensar que no tienes ni idea y me estás haciendo un lío —me cruzo de brazos, y vuelve a reírse.

Se sumerge en el agua y al instante sale, usando sus alas para ponerse a mi altura.

—Ven conmigo, ¿quieres? Voy a enseñarte algo —dudo en aceptar su mano, y añade—: También responderé tus preguntas. ¿Quieres saber por qué estás aquí? ¿Y quién canta esa canción?

Asiento, y me lo planteo más. Su mano echa chispas de fuego, y la miro. Sus ojos transmiten una sensación que embriaga cualquier pensamiento que pudiese tener, y sin darme siquiera cuenta, ya he aceptado. Extrañamente, no me quemo. Tan solo es una sensación cálida y, como todo en ese lugar, hechizante.

—Perfecto —desciende rápidamente y nos sumergimos en el agua, sin darme tiempo a reaccionar.

Me desespero al hundir la cabeza en el lago. No recordaré muchas cosas, pero sí sé que no puedo respirar bajo el agua y que acabaré ahogándome. Sin embargo, me sorprendo al poder respirar con total normalidad.

Miro a Marshal, cuyo fuego no se ha extinguido. Sigue brillando con sus flameantes llamas, y veo que está divirtiéndose con la situación.

—Puedes respirar, no te preocupes —se ríe.

Me avergüenzo, pero no digo nada. Me dejo llevar por ella, admirando el paisaje tan exótico como el exterior. Hay algas de colores neón, flores hechas de burbujas, piedras de diferentes colores y formas, desde corazones azules hasta estrellas rosas. Los peces no se quedaban atrás, tan exóticos como las mariposas que he visto anteriormente. Nos rodean las ninfas de agua y sirenas de diferentes colores en sus colas, que nadan con giros, alegres.

A lo lejos, distingo la forma de un castillo. Mediante nos acercamos, veo que se alza en medio de un gran coral lleno de casas iluminadas por flores de fuego que, como Marshal, no se apagan.

Nos dirigimos al castillo, que tiene muchísimas puertas decoradas, cada cual con un símbolo extraño: una estrella sobre la silueta de una almeja. Nos detenemos en una de las entradas y Marshal habla con una sirena que aguarda en la puerta, en un idioma que no conozco.

Mientras, la canción que no he parado de escuchar desde que desperté, era más lejana mediante nos acercábamos al castillo. Siento un revoltijo en el pecho. Extraño esa voz, esa melodía, quizá porque me había acostumbrado a ella.

—Pasa —dice Marshal, y entro en una habitación oscura que Marshal ilumina con su propio fuego.

La puerta se cierra, y me doy la vuelta para mirarla. De repente, la noto demasiado cerca mía, y retrocedo por inercia, chocándome contra una pared.

—¿Qué ha...? —sonríe y me calla, poniendo un dedo sobre mis labios.

Miro sus ojos escarlatas, y quizá ese es mi error, pues vuelven a hechizarme. Quizá por eso no digo nada, ni me resisto cuando sus labios de fuego tocan los míos.

Siento que me quemo, pero no me resisto.

Cierro los ojos, y cuando los abro, no estoy con Marshal. Estoy en una habitación de hospital, y una chica canta al lado de lo que es mi cuerpo. No entiendo por qué me veo a mí mismo, por qué me siento tan ligero, y distingo su voz como la que había estado cantando siempre. Un pitido repentino suena, interrumpiéndola, y llora desconsoladamente.

Empiezo a recordarlo todo. Ella, una cita, un beso, una carrera, un coche, la oscuridad...

Nuestra canción favorita...

—Ahora estarás conmigo para siempre.

Me giro para ver a Marshal, que sonríe con arrogancia.

—¿Quién... eres? —mis lágrimas caen sin detenerse, sé cuál es la respuesta.

Me rodea con su cuerpo en llamas y en mi oído susurra:

—Soy la muerte, y tú ahora me perteneces.

Salut lectores :3

Aquí está mi segundo relato de febrero. Es el número 16 (esta vez sí), milpalabrista, que consistía en crear un ser nuevo (en este caso, sería Marshal, o la muerte, como le queráis llamar). Y está unido al otro relato, asi que sería heróico y es en primera persona, por tanto asuntos personales.

Por alguna razón, en Wattpad me aparece como 1008 palabras y en Word como 1050 tras hacerle sus ediciones porque me pasaba contando en Word. De cualquier manera, es milpalabrista XD.

Bueno, si no lo habeís entendido, sería un chico que estaba entre la vida y la muerte y todo lo que veía no era nada más que una especie de limbo entre ambos. No sé, me pareció buena temática. La canción era su novia cantando para que despertase, y pues Marshal representaría la muerte, sentenciándole con un beso. Siempre quise hacer algo así y me pareció buena idea darle otra forma a la muerte que no fuera la que todes conocemos. Por eso el protagonista se iba sintiendo más ligero mediante se acercaba al lago, porque iba dejando su vida atrás.

También me iba entrenando pa cuando me tocase el sin género XD.

Como siempre, podéis encontrar las bases aquí 

Aquí está la pegatina 



¿Merezco comentario/voto? ¿Disparo? ¿Tartita?

Au revoir! Nos leeremos proonto :3




 

domingo, 4 de febrero de 2018

Origireto2018: Febrero #1

¿Dónde estoy?

Es en lo único que puedo pensar abro los ojos y miro a mi alrededor. Solo me rodean árboles y hierba, huelo el aroma de las flores, escucho el canto de los pájaros y la luz del sol se filtra entre las hojas de los árboles tan altos. Casi no se ve el cielo, es una mancha azul entre tanto verde.

Parpadeo un par de veces y pongo mis manos en la hierba, sintiendo su tacto mojado, como si hubiera llovido recientemente. Me apoyo y logro sentarme. Estoy en una especie de pequeño claro, sin saber siquiera si es un sueño lo que veo o es real. Todo parece brillar con luz propia, y pequeños puntos brillantes sobrevuelan alrededor.

Quizá me he dado un golpe en la cabeza, y estoy viendo alguna especie de ilusión óptica. Pero, pese a que trato de recordar qué hago aquí, ningún pensamiento me viene a la mente. ¿Cómo he llegado aquí? ¿Qué hacía antes de llegar aquí?

Algo se posa en mi nariz. Me río al ver que es una mariposa, pero es una mariposa que nunca antes había visto. Tiene colores exóticos, del más hermoso rojo hasta un celeste que se confundía con el cielo, como si sus alas fueran un cuadro de varios y llamativos colores.

Intentó cogerla, pero mi movimiento la espanta, y echa a volar para perderse en el bosque. Sin más remedio, y sin recordar nada de lo que me ha llevado a estar ahí, me levanto. Parece que llevo años sin levantarme, porque mis piernas parecen crujir al pisar el césped, como si fueran un mecanismo que lleva décadas sin utilizarse.

Estiro los brazos, y me fijo por primera vez en mi ropa. Llevo una camiseta y pantalones blancos, mis pies están descalzos, por eso siento la hierba húmeda en la piel. Muevo los dedos y, de alguna manera, me siento libre. Como si llevase encerrado demasiado tiempo y por fin respirase aire puro.

Empiezo a caminar, y pese a que llevo una camisa de manga larga, no tengo calor. Me sobrecoge la naturaleza que me rodea, con un aire tan mágico, y el canto que antes creí que era de los pájaros se asemeja más a un murmullo de una persona entonando una conocida canción con una dulce y suave voz.

Sigo viendo los brillos intermitentes a mi alrededor. Sacudo la cabeza para intentar que desaparezcan, pero no lo consigo. En fin, supongo que acabaré adaptándome a ello.

Camino intentando seguir una línea, pero como no sé dónde estoy ni cómo he llegado hasta aquí, seguramente acabe perdiéndome más de lo que ya estoy.

Sin embargo, el bosque tiene algo que me atrae, como si el solo hecho de verlo hiciera que mi cuerpo se moviera hacia él. Todo parece destellar, brillando como si todo llevase una capa de purpurina.

Con cada paso, siento el cuerpo más ligero, como si andase en una nube suave y algodonada. Una suave brisa revuelve mis cabellos y me produce cierto cosquilleo en la cara.

De repente, algo me pica en la nariz, y descubro que hay una especie de insecto posado en ella. Me golpeo para que se vaya, y lo hace, pero descubro con sorpresa que una vocecilla me grita.

—¡¿Pero qué haces?! —refunfuña el insecto que he espantado—. ¡Casi me matas!

—¿Quién eres...? —ladeo la cabeza, fijándome en la pequeña figura.

Descubro con sorpresa que es una pequeña hada. Tan pequeña que he tenido que tomarme un tiempo para distinguir sus alas y su cabello castaño. Al ser de piel oscura, quizá se me hizo más difícil distinguirla.

—Lo siento... —me disculpo con cierta vergüenza.

—¿Eres quien ha llegado recién? —cruza sus pequeños brazos, y yo solo puedo parpadear, sin saber a qué se refiere—. Sí, eres tú. Ven, seré tu guía.

Se posa en mi hombro y sonrío.

—Siento lo de antes, esto...

—Puedes decirme cómo quieras. Yo te llamaré como quiera también.

—Vale... —digo, sin saber muy bien cómo referirme a ella—. Pues, lo siento. Y... ¿qué es eso de que he...?

—Lo comprenderás a su debido tiempo, ahora camina.

—¿A dónde?

—Sigue recto, y en el árbol de nube, giras a la izquierda.

¿Árbol de nube? No sabía que eso siquiera existía. Pero las hadas tampoco existen, y aquí está ella.

—De acuerdo —me adentro cada vez más en el bosque, y el murmullo se hace cada vez más intenso. De hecho, identifico alguna que otra palabra en un idioma que no entiendo.

Seguramente no sea mi lengua, pero esa canción la he escuchado antes.

Miro a la hada. Se mantiene en silencio, agitando sus pequeñas piernas, como si estuviera nerviosa. De sus alas sale un polvo brillante que es idéntico a lo que creía que era el resultado de mi golpe en la cabeza.

Entonces todo lo que había visto eran...

—¡Cuidado! —me grita su chillona voz, y miro al frente.

Paro en seco cuando veo una masa blanca enorme en frente de mi cara, y siento mi respiración entrecortada al saber que no me he chocado contra eso por poco.

Me alejo un poco, y me fijo que lo blanco se asemeja a un tronco de árbol. Subo la vista, distinguiendo ramas blancas también, y las que deberían ser hojas de asemejan mucho a las nubes.

—El árbol de nube... —murmuro al entender, y me fijo en que hace dos desvíos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Sigo por la izquierda, haciendo caso al hada, y veo que alrededor son flores de caramelo y árboles de nube. Mariposas en forma de corazón sobrevuelan por todos los lados al lado de lo que, ahora distingo, son hadas.

El canto es cada vez más claro y fuerte, y sé que nos estamos acercando a lo que lo emite. Me da curiosidad por saber de dónde sale esa canción que tanto me suena.

—¿Ahora qué? —pregunto cuando llegamos a un lago, de aguas tan cristalinas que parece hecho de hielo.

—Ahora esperamos.

Asiento mientras observo a las sirenas saltando junto a ninfas de agua que se peinan en las rocas de nube también.

¿A qué se supone que debemos esperar?

Salut, lectores~.

Aquí dejo mi tercer reto del Origireto2018. Es el reto número 17, describir un bosque encantado (soy muy mala para las descripciones), milpalabrista y en primera persona.

Si queréis apuntaros, podéis encontrarlo aquí 

¿Merezco comentario/voto? ¿Disparo? ¿Tartita?

Au revoir~. Nos leeremos pronto~.


sábado, 3 de febrero de 2018

Origireto2018: Enero #2


Cuando entramos, siento que el aire se enfría con el solo hecho de escuchar el chirrido de la puerta abriéndose con una facilidad que asusta, aunque esto parezca que sea solo por mí.

Neko parece muy feliz mientras entra con pasos que parecen casi saltos de alegría. Kuroh, como es habitual en él, mantiene su tranquila expresión y sigue a nuestra alocada amiga hacia dentro, encendiendo una linterna. Como me quedo en la entrada, se giran para mirarme con sus ojos llenos de preocupación.

—¿Pasa algo, Shiro? —pregunta Kuroh, acercándose a mí. Neko le sigue.

—¡Shiro! ¡No te quedes ahí! —refunfuña ella.

—Es que... no me da buena espina —sonrío nervioso.

—Shiro, mientras antes vayamos, antes recuperaremos la linterna esa de la gata tonta —me intenta convencer Kuroh.

—¡Idiota, no me digas tonta!

—Vamos, no pasará nada —me coge de la mano, y si antes estaba ya nervioso, ese simple gesto es lo que hace que mi cuerpo se vuelva repentinamente como gelatina, y noto el calor que antes perdí volviendo de forma abrupta a mi rostro.

—D-de acuerdo —digo con mi tono más bajo de lo habitual, y empiezo a caminar junto a él, sin embargo no me suelta y, de cierto modo, lo agradezco.

Todo está bastante tétrico, por llamarlo de alguna manera. El edificio fue en su tiempo de esplendor, un hospital. Sin embargo, se fue abandonando ante la innovación tecnológica y pasó a ser un manicomio que, debido a las torturas que sufrían los pacientes de forma clandestina, se clausuró. Muchas personas murieron en sufrimiento entre esas paredes, gritando, resistiéndose...

—Shiro, los fantasmas no existen —ríe Kuroh al notar mi duda y que mi mirada se dirigía a todos los rincones que la linterna no iluminaba—. Encontremos la linterna y ya.

Asiento, pero Neko parece tan poco convencida como yo de las palabras de Kuroh. Se nota en su temblorosa sonrisa y en su lento andar que está casi tan asustada como yo. Sin embargo, sé que fue un reto de sus compañeros y no se irá contenta hasta que encuentre una linterna que un chico dejó ahí cuando escapó corriendo.

El reto era ese: ir por la noche a por la linterna. Sin embargo, no pensaba permitir que fuera ella sola, y Kuroh no nos dejaría ir solos, así que vinimos finalmente los tres aquí.

Con su habitual carácter sereno, Kuroh es muy buena compañía para calmar mis miedos, aunque no tanto mis nervios. Parece hacerlo inconscientemente, pero su solo tacto logra despertarme los sentidos que ni sabía que tenía. Y no es que sea precisamente unos gestos muy bruscos ni demasiado atrevidos; con solo acariciar la palma de mi mano con su dedo es suficiente para erizar los vellos de mi cuerpo.

Doy un pequeño salto al escuchar el chirrido de una puerta abriéndose, y Neko me imita. Ambos nos pegamos a Kuroh con espanto, y él solo suspira.

—No es nada más que el viento, vamos.

Ninguno de los dos le creemos del todo. Así que vamos caminando más juntos que antes, casi pisándonos, y analizando cada rincón mientras Kuroh no hace más que repetir frases de poesía relevantes a la valentía. Como no hay ningún incidente pasado un tiempo, nos vamos relajando un poco, pues está el crujido de las ratas en el desbaratado techo y el suelo aquejándose a cada paso que damos en él, como si nos dijera que no somos bienvenidos.

—¿Sabes dónde está la dichosa linterna? —pregunta Kuroh a Neko, quien asiente, temerosa.

—En la cuarta planta —responde—. Pero subir...

Kuroh bufa con clara exasperación y la coge, echándosela al hombro como si de un saco de patatas se tratase. Neko patalea exigiendo que la suelte, y yo solo sonrío mientras me tapo la mano que antes sostenía mi compañero, pero soltó cuando cargó a nuestra amiga. De repente, se siente más fría de lo habitual, y sospecho que no es solo por el  viento de la noche.

—Vamos, Shiro —me apura Kuroh mientras sube con la seguridad que a mí me falta. 

—¡Dame un poco de tu valentía! —le recrimino mientras subo con cuidado de que un viejo escalón no ceda por mi peso.

Kuroh solo ríe mientras Neko se aferra a él, desistiendo de pelear con Kuroh debido a que está tan asustada como yo del crujir de la madera de esos escalones que parecen a punto de romperse en mil pedazos y llevarnos directos al abismo.

El olor a humedad no ayuda para nada a mi estado de ánimo, y decido apoyarme en la oxidada 
barandilla de hierro que está repleta de un color naranja amarronado ante la luz de la linterna. Las sombras que forman la luna, que se filtra por las grietas de las paredes y agujeros del techo, hacen que esté pendiente de mi retaguardia. 

Kuroh pasa como si nada y, en cuanto llegamos a la primera planta, sigue subiendo a la segunda con Neko, pero yo me detengo asustado al ver un retazo de tela que debe pertenecer a un vestido o alguna prenda larga. Me agacho a tomarla, pero me topo con un pinchazo que me hace retroceder y mi dedo sangra debido a que un pequeño trozo de madera se ha incrustado a mi dedo índice.

Me convenzo que por la escasa luz no he visto una astilla, y desisto de tomar la prenda. Sin embargo, cuando trato de seguir a Kuroh, algo parece cogerme de la chaqueta.

—Ayúdame...

Empieza a llover con fuerza, una tempestad que parece dispuesta a tirar las ventanas y el edificio entero. Las voces me piden ayuda, las sombras vienen a por mí. Caigo, no puedo escapar...

—¿Shiro? ¿Qué haces ahí? Vámonos. 

Abro los ojos y veo a Kuroh con dos linternas y Neko, ya en el suelo, mirándome preocupada. Me levanto y abrazo a Kuroh, y con el frío mitigándose con su calor, le pido que no me suelte.

—Tranquilo... —me susurra mientras acaricia mis cabellos—. Nos vamos ya, ¿vale?
Sollozo mientras asiento, y él me coge en brazos mientras me lleva de nuevo abajo. Solo cuando salimos me siento aliviado, y me fijo que la lluvia no ha mojado nada. Como si nunca...

Volteo a ver el edificio y, mientras sopla el viento, decido que jamás volveré a ir allí.

Salut, lectores

Bueno, este es el reto 2, que consiste de una historia de terror en un manicomio. Ala, pues ahí está :P

Tiene 1049 palabras con las justitas para no pasarme del limite, y es como la "conti" del anterior ejercicio, asi que están relacionados. Y están en primera persona :P

Se supone que es de terror. SE SUPONE. Aqui dejo la pegatina.

Poz aquí está la pegatina XD

Espero que os haya gustado~

¿Merezco comentario voto? ¿Disparo? ¿Tartita? 

Au revoir~. Nos leeremos pronto~.