viernes, 20 de abril de 2018

#OrigiReto2018: Abril #2


Cómo le odio.

—¡Eres idiota! ¿Por qué lo has hecho?

Me mira como si no fuera su culpa. Como si no hubiese sido quien había convencido a mis padres de que Verti era un... ¿cómo era? ¿"Bicho con infecciones bacterianas alienígenas"? ¿Qué demonios se suponía que era eso?

Seguro lo sacó de alguna película.

Idiota, idiota, idiota. Mil veces idiota.

¿Es que diez años de amistad no sirven de nada?

—¡No te enfades! —infla las mejillas. Solo faltaba que se ofendiera.

—¿Que no me enfade? ¿¡Que no me enfade?! ¡Claro que me enfado! ¡Por tu culpa no he podido quedarme con Verti! Y lo peor, ¡me mentiste!

Me había hecho creer que aceptaba a Verti. ¡Y me lo tragué entero! ¿Cómo le he podido creer? ¿Cómo? ¿¡Cómo?!

—¡Yo no mentí!

—¡Sí lo hiciste!

—¡No!

—¡Sí!

—¡No!

Así no llegamos a ninguna parte.

—Mira, no voy a discutir contigo...

—¡Yo no te mentí! —se defiende. Encima, se defiende—. ¡Solo te dije que te ayudaría! ¡Y lo hice!

—¿¡Cómo me has ayudado, pedazo de...!?

—¡He ayudado a tu futuro! ¡Deberías agradecérmelo!

—¡Agradecértelo y un jamón! ¡Solo me has arruinado la vida, idiota!

—¡Nadie te iba a querer con esa cosa por hijo...hija...! ¡Lo que sea que sea!

No puede hablar en serio.

Dios, ¿qué le diste por cerebro? ¿Un agujero negro?

—¡Eso no te importa, idiota!

—¡Si no le aceptan ni en tu familia! ¿Qué me estás contando? ¡Podrían haberte echado a la calle!

Vale, estaba claro que se comía demasiados shojos dramáticos.

—¡¿Pero a ti te han dado cerebro, animal?! ¡No me van a echar! ¡Solamente me hubiesen regañado o algo! ¡Yo qué sé!

—¡Pienso en tu futuro, idiota!

Ah, ¡encima me insulta! ¡Yo soy quien insulto! ¡No tiene ningún derecho a insultarme!

—¡Pues no pienses nada en mi futuro, idiota, mil veces idiota!

Le doy la espalda. No quiero ni verle después de todo esto. ¡Con lo que me costó atrapar a Verti, para luego...!

Un momento.

No grita. No se defiende. No me abraza. No me dice que soy cruel.

Nada.

Nada de nada.

Normalmente no dura un minuto sin hablar, sin quejarse y sin pegarse a mí como lapa. Pero pasa el tiempo y no dice nada...

No aguanto más.

—Oye, ¿estás...?

Llorando. Está llorando. ¿Por qué está llorando? ¡Yo debería ser quién estuviese llorando por lo de Verti!

¿Es porque le he gritado? Siempre le grito, no puede ser. ¿Es porque...? ¿Por qué? ¿¡Por qué llora?!

—¿Por qué estás llorando?

Aparta las manos de su cara, y veo sus ojos marrones llenos de lágrimas. Tiene las mejillas mojadas, rojas.

—Yo... solo... quería hacerte un favor... —llora mientras habla, y me siento mal. Y me sienta mal sentirme mal porque no debería sentirme mal porque es su culpa y...

Argh. Será idiota.

—Pues...

—Yo no quería que te enfadases conmigo —mira el suelo como si de verdad se arrepintiese. Y creo que sí se arrepiente. Bueno, está llorando...—. Lo siento...

¿Desde cuándo se disculpa por las tonterías que hace? ¿Tan mal se siente? ¡Pues debe sentirse mal porque yo me siento mal por su culpa!

Pero no me gusta verle llorando...

—No llores, idiota.

Supongo que un abrazo le animará. Siempre le animan los abrazos. Así es de idiota.

Asi que le abrazo. Y me siento bien cuando me abraza. Y no debería sentirme bien porque siempre le estoy diciendo que no quiero que me abrace porque no me gusta.

—Lo siento... De verdad...

—Eh, no llores. Yo sabía que eras idiota. Lo llevo sabiendo siempre. ¿Y alguna vez nos hemos separado? No, ¿verdad?

—No… pero te enfadaste mucho... ¡y yo no quiero que te enfades!

—Ya, ya. No me he enfadado contigo, ¿vale? Si lo he hecho... ¡pues ya te perdoné!

—¿De verdad...?

—De verdad.

Se separa de mí, y sus ojos ya no están tristes. Eso me alegra, mucho.

Levanta la mano y me enseña el meñique con una gran sonrisa. Sus mejillas siguen rojas, pero parece que las lágrimas ya no salen.

—Hagamos una promesa, ¿vale?

—Está bien... —le sonrío. No puedo gritarle otra vez. Me sentiría mal si vuelve a llorar.

—¡Prometamos que nunca, nunca, nunca nos separaremos!

—No tenemos cinco años, ¿sabes?

Le cruzo el meñique con el suyo y cantamos la canción oficial para asegurar que la promesa se cumpla.

—¡Las estrellas están viendo esta promesa! —grita con emoción al ver que aparecen las primeras estrellas.

¿Ya es tan tarde?

—Entonces supongo que la promesa durará tanto como las estrellas. Las estrellas viven mucho tiempo.

—¡Mucho, mucho tiempo! —salta alegre—. ¡Así que ya sabes! ¡No podemos separarnos nunca, nunca!

—Y nunca nos separaremos —le aseguro.

Empieza a hacer frío, y parece que tiembla. Es la persona más friolera que he conocido nunca.

—Tienes frío.

—¿Yo? ¡Para nada!

Se frota los brazos con las manos, y sé que miente. Luego dice.

—Ya, claro, ahora vamos a casa, anda.

—¡Pero yo quería jugar al vóleibol!

—Y yo quería a Verti, y ya ves. Así que vamos.

—¡Pero...!

Así no llegamos a ninguna parte.

—¿Maratón de Star Wars?

—¡Sí, pero...!

—Pues vamos. Si no nos vamos, me niego a tragarme la maratón.

—¡Pero el...!

—Me. Niego.

Si jugamos ahora, lo más probable es que nos quedemos hasta muy tarde y se resfríe. Porque siempre le dicen que tiene unas defensas bajas y se resfría muy rápido. Y me tengo que encargar de cuidarle para que esté bien.

—¡No es justo!

—Lo que no es justo es que tenga que cuidarte como si tuvieras tres años. Así que deja de quejarte.

—¡No seas así!

—Así soy. Venga, vamos.

Miro con pena mi jaula, en la que antes estaba Verti, pero supongo que no había más remedio.

—Vale...

Arrastra los pies por la arena del parque, y me saco la chaqueta al ver que empieza a tener más frío.

Me mira como si fuera el alienígena que siempre ha querido ver pero sabe que nunca lo hará porque no existen (aunque lo niegue).

—¿Estás enfermándote? —pregunta.

Será idiota.

—No, idiota, tú te vas a enfermar y de paso te llevarás un golpe. Así que calla, póntela y camina.

Asiente con la cabeza y me alegra ver que se han parado sus temblores.

Seguramente puedo encontrar más Vertis, pero nunca a alguien así... de idiota.

Salut, lectores :3

Aquí dejo el reto 24 del Origireto: Escribe un relato donde ningún personaje tenga género ni sexo.

DIFICIL NO LO SIGUIENTE. Uf, he puesto todos los sinónimos neutros y artículos que he encontrado.

Bueno, está relacionado con el anterior que he hecho básicamente lo mismo. Así que... ¡doble dificultad! Pienso que podría haberlo hecho al revés XDD.

Pero hecho está. Dejo links :3

La pluma azul de Katty

Solo un capítulo más

Podéis buscar la información de este reto en esos enlaces o en Twitter, con el hashtag #OrigiReto2018 con las organizadoras @Stiby2 y @MUSAJUE


viernes, 13 de abril de 2018

#OrigiReto2018: Abril #1



No puede ser.

A ver. Le conozco desde que tenemos pañales, y nuestras mamás son como hermanas. Le quiero mucho, en serio, pero... pero...

—¡Aparta esa cosa de mí!

De un salto, atino a coger un palo y lo pongo en frente mía para defenderme contra eso.

—No le llames cosa. Tú te caíste de la cuna de bebé y nadie te dice nada.

—¡Tú sí que me lo dices!

—Porque si alguien no te lo recuerda, piensas que eres la persona más perfecta del mundo.

—¡No me puedo creer que prefieras coger esos bichos antes que jugar conmigo!

—Tú sí que eres bicho. Idiota, son escarabajos, no bichos.

—¡Me da igual como se llamen! —agito el palo un par de veces en el aire para hacerle ver que no le voy a dejar acercarse con eso—. ¡Quítalo de mi vista!

—Venga, solo es un escarabajo. Y uno bastante bonito, además. Ven, míralo.

—¡Que no! ¡Me niego! ¡No, no, no!

—Pues no tienes por qué verlo si no quieres —encima se ofende. ¡Venga ya! ¡Esos bichos son asquerosos!

—¡Lo pones en mi cara y quieres que no lo vea! ¡Parece una cucaracha!

—¡Tú sí que eres cucaracha, idiota! ¡Este es un Bupréstido! ¡Es un ejemplar hermoso!

—¡Tiene alas verdes! ¡Es largo! ¡Y es horrible! ¡Y lo peor, vuela!

—Claro que vuela, idiota, es un escarabajo. Se llama Verti.

—¿Verti?

—Sí. He decidido que será mi hijo. ¿O hija? No sé si es macho o hembra.

No puede estar hablando en serio.

Por favor. Dios, quien sea que esté ahí arriba, por favor, no lo permitas. No dejes que adopte a esa cosa. ¡Le arruinará la vida! ¡Nunca encontrará a nadie que le quiera mientras tenga a esa cosa como hijo!

Y lo peor. ¡No querrá jugar conmigo por cuidar a esa cosa!

—¡No puedes!

—¿Por qué no?

Coloca la jaula donde está atrapado el bicho, y que colgaba de su hombro con una cinta, en su costado, seguramente para tener libres las manos en caso que tuviese que darme un golpe.

Ya me he acostumbrado a su brusquedad.

—¡Porque nos separará! ¡Y te hará infeliz! ¡Nadie te va a querer si adoptas algo como eso!

—¿Y eso quién lo dice? ¿Tú?

—¡Sí! Hazme caso. ¡Nadie, nadie te querrá como yo si tienes esa cosa! ¡No arruines tu futuro!

—Tú te has visto demasiadas telenovelas. ¿Eres consciente de que tenemos diez años?

—¡Por eso! ¡Somos jóvenes, no arruines tus futuras relaciones tan pronto!

—Verti no tendrá nada que ver en mi futuro amoroso. Y menos en si tú y yo nos separamos, idiota.

—¡Sí que tendrá que ver!

—¿Y eso por qué?

—¡Porque te voy a hacer decidir! —le señalo con mi dedo índice, como hace Sherlock Holmes cuando identifica al culpable—. ¡O ese bicho, o yo!

—Está bien.

Y sin un pequeño remordimiento de dejar atrás a la persona que le ha acompañado diez malditos años, va y se da media vuelta, alejándose.

Se aprovecha de que le quiero. Y de que llevamos diez años siendo inseparables. ¡Amigos me llueven, por favor!

Sabe que le voy a detener, así que no camina demasiado rápido. Se está burlando de mí, y lo peor es que lo sé pero no me importa porque siempre hemos sido así.

Aunque me molesta mucho no ser yo quien se burle.

—¡Espera!

De una pequeña carrera, logro alcanzar su posición y le cojo de la manga.

—¡Está bien, aceptaré a ese bicho!

—No es «bicho» —me corrige—. ¡Es Verti!

Tener que aguantar esto por diez años de amistad...

—Está bien... —me mira. Y sé qué quiere que diga. Me arde la garganta solo del asco que me da—. Verti.

Sonríe con satisfacción. Yo le quiero mucho, de verdad, pero hay momentos como estos en los que pienso por qué nuestra amistad es tan duradera si somos tan diferentes.

—Lo acepto, pero —corto antes de que dé por cantada su victoria— a cambio, tendrás que admitir que los aliens existen.

Me mira con escepticismo. Las cejas alzadas, sus ojos verdes diciéndome que ni de broma antes de que abra la boca. Siempre ha sido así, diciendo todo con los ojos. Lo raro es que le entienda.

Supongo que es porque soy genial.

—Verti está aquí. Es real. Tus aliens no los ha visto nadie, idiota.

Le niego con mi dedo mientras sonrío.

—Eso es lo que tú crees. Lo que la gente quiere que creamos. Pero yo sé la verdad —me pongo en el pecho una mano.

—Ajá. Disculpe usted, futura promesa de la NASA.

—¡Sabes que iré al espacio, no te burles!

—No sabes ni golpear bien un balón y vas a ir al espacio. Ajá.

—¡Aún estoy empezando! ¿O a ti te salió rematar a la primera?

—Por lo menos no mandaba la pelota a la luna. O a mi cara. O a la cara de los demás.

—¡No fue a posta!

—Ajá.

—Pero no me cambies el tema. Yo acepto a Verti como sobrino... sobrina... lo que sea que sea, si tú aceptas que los aliens existen.

—El día en que me presentes uno, te creo.

—¡Haré que te trages tus palabras! ¡Verás mi nombre en los titulares de todo el mundo! ¡Tendré tanta fama que tendrás que pedir cita para verme!

—Ya, deja de soñar y aterriza. Por el momento céntrate en aprobar lengua.

—Eso se te dará mal a ti. Yo un poquito de repaso y te saco un pedazo diez en el examen que me vas a maldecir más de lo que ya haces.

—Eres idiota en todos los aspectos. Por lo menos, Dios te ha dado cierta capacidad para estudiar, que si no ya hubiera sido demasiado cruel.

—Búrlate, pero tengo la mejor nota de la clase.

—Eso no lo dice tu aprobado raspado.

—¡Porque me tiene manía y puso preguntas trampa! ¡No soporta que sea más joven y mi belleza esté a años luz de la suya!

—Claro, disculpe, no quise ofender a la belleza del país.

—Búrlate todo lo que quieras, pero mi belleza es insuperable.

—Ajá. Bueno, me voy a casa. Tengo que hacerle su habitación a Verti.

—¡Te ayudo!

Se sorprende y yo solo sonrío inocentemente.

Verti, te queda poco.

Sus padres nunca te aceptarán. Me encargaré de eso.

Salut, lectores~

Traigo el 1 de abril. Se correspondería al reto 7: redacta una adopción peculiar. La pegatina la pondré al final del 2. Es milpalabrista, que casi me paso del límite como siempre XD. Ni idea de que hacer este mes así que me las he ingeniado XD.

Dejo enlaces del reto aquí:

La pluma azul de Katty

Solo un capítulo más

Podéis buscar la información de este reto en esos enlaces o en Twitter, con el hashtag #OrigiReto2018 con las organizadoras @Stiby2 y @MUSAJUE




martes, 27 de marzo de 2018

#Origireto2018: Marzo #2


¿Quién me mandará a mí…?

Me miro en el espejo mientras tapo con un gorro mi cabeza. Así no se nota mucho la diferencia… ¿verdad? Giro mi cuerpo para ver cómo me queda desde distintos ángulos. No está tan mal.

Suspiro mientras guardo la agenda en la mochila, tras súplicas a mi madre para que me firme una autorización en la que diga que puedo estar con gorro en clase. En el entrenamiento sé que no me libraré, pero por lo menos me quiero ahorrar la vergüenza unas horas.

Salgo de casa y, como siempre, me está esperando.

—Hey —saludo alegre, pasando un brazo por sus hombros como de costumbre.

Arquea una ceja al verme.

—¿Desde cuándo vas de hippie? —es su primer comentario, que me hace reír. Es cierto que me da un aire, pero no esperaba que fuera tan directo.

De qué me sorprendo, si es el tipo más directo que conozco.

—No voy de hippie, estoy resfriado —me excuso.

No se lo cree, lo veo en sus ojos, igual que tampoco se cree que mi bajada de peso es por los exámenes. Es mi mejor amigo después de todo, me conoce tan bien como yo a él.

—Ajá. ¿La verdad?

—No solo los enanos se resfrían, ¿sabes?

Pésimo cambio de tema. Me lo dice sin necesidad de abrir la boca.

—A ver, cabeza hueca, te conozco más tiempo del que quisiera. Estoy contigo todo el maldito día. ¿Esperas que crea que te has resfriado cuando no te he oído ni estornudar una vez?

Buen punto. Toso un poco, pero no cuela. Me adelanto y me pongo frente a él, parándole.

—Prométeme que no te reirás —le señalo a modo de advertencia. Él arquea las cejas, pero asiente.

Me quito el gorro y evito mirarle. Hay silencio por unos segundos, y es entonces cuando me atrevo a verle.

Se está tapando la boca para no reír. Será…

—¡Te dije que no te rías!

No aguanta más y explota en carcajadas, como un volcán en erupción.

—¿¡Qué cojones te has…?! ¡Dios, es…!

Si no fuera por el golpe que le doy en el hombro, seguramente se tiraría horas riéndose.

—Luego el infantil soy yo.

—Tío, es... ¿Cómo se te ocurrió cortarte el pelo así?

La razón es aún más avergonzante, y paso de decírsela. Estaría metiéndose conmigo tanto como yo me meto con su altura. Y mola picarle, pero que me la devuelva ya no es tan guay.

—Quería un cambio de look, ¿vale?

—Yo no seré el gurú de la moda, pero… —contiene la risa de nuevo, tapándose la boca.

—Cállate —miro a otro lado, indignado.

Sé que me queda fatal. Cuando lo pensé, no parecía tan mala idea, pero cuando me vi en el espejo de la peluquería entendí por qué el peluquero había tenido sus dudas.

—Parece que una vaca te ha lamido la cabeza. En serio, es… —se ríe, y yo suspiro.

Con lo bonitos que eran mis rizos… Dios, ¿qué me he hecho?

—Deja de meterte con mi peinado. No es que tú tengas el best, ¿sabes, enano?

—Lo haré, cuando dejes de meterte con mi altura —sonríe con cierta prepotencia. Le encanta.

Sin embargo, de repente, su expresión cambia a una seria.

—¿Qué pasa? —pregunto ante la inesperada mirada que me dedica, una que indica que ya no se está burlando como hace segundos.

—Estás haciendo cosas muy extrañas últimamente —señala—. ¿Qué se supone que te pasa? Bajas de peso, te cortas el pelo ridículamente aún cuando eres el primero en pavonearte de tu belleza. ¿Qué cojones pasa por esa cabeza unineuronal?

No me gusta por dónde va. Por eso mismo le he dado largas toda la semana, aunque sabía que era inevitable que esto pasase.

—Nada.

Oh, qué respuesta tan inteligente. ¿En serio no podía pensar algo mejor?

—Mira, no vamos a movernos hasta que desembuches. Primero, ya sé que no has dormido bien y, cuando no duermes, te pones a usar tu única neurona para tonterías. ¿Así llegaste a cortarte el pelo?

—En realidad… —no sé si decírselo. Se va a reír de mí, lo sé—. Ayer estaba… bueno, leyendo y…

—No estabas leyendo esas revistas. Dime que no.

Desvío la mirada. Nunca le ha gustado que lea las revistas de mamá, dice que solo tienen idioteces.

—En realidad, era el horóscopo.

Suspira. Sabe por dónde voy.

—¿Y el horóscopo para cáncer decía que debías hacer una estupidez con el pelo?

—Decía que debía observar mejor a mis rivales. Y es lo que hice.

—Vamos, que te has tirado toda la semana trasnochando por ver todos los partidos que tienes guardados.

 —Básicamente, y me he dado cuenta de una cosa.

—¿De tu estupidez?

—No. Vi que esos dos genios de pacotilla tienen un peinado parecido... y pensé que quizá por eso no podíamos ganarles…

En serio, ahora que me doy cuenta es algo muy tonto. Pero en ese momento me pareció la idea más brillante del universo.

—No hablas en serio —asiento para confirmar que estoy hablando totalmente en serio—. ¿Por eso no me esperaste ayer? ¿Por irte corriendo a la peluquería a hacerte… eso?

Señala mi pelo, y yo me apresuro a esconderlo de nuevo bajo el gorro.

—Básicamente… sí.

—Y tu bajada de peso se debe a que, como eres tan sumamente idiota, te has estado saltando las cenas para irte a entrenar solo como la otra vez, ¿no?

Asiento, sabiendo que es inútil negarlo. De hecho, me sorprende que haya tardado tanto en darse cuenta, pese a mis esfuerzos por ocultárselo. La última vez me dio un buen golpe por irme a entrenar por mi cuenta, y aún me duele solo de pensarlo. Sin embargo, no puedo simplemente quedarme sentado mientras veo que puedo hacer más.

Esta vez no me golpea. Solo me da una palmada amistosa en la espalda, casi como un abrazo, y suspira.

—Tengo que controlarte más que antes, por lo que se ve —dice, poniendo las manos en los bolsillos—. Vas a recuperar tu peso, y no te vas a librar de mis burlas por tu estúpido peinado, que lo sepas, idiota.

Parpadeo un par de veces, sorprendido por su reacción tan calmada, y sonrío.

—Así me quieres.

Cuando se ríe pienso que, definitivamente, tengo el mejor amigo del mundo.

 Salut, lectores :3

Aquí dejo mi reto de Marzo 2, porque he hincado los codos y me he puesto a 100
Dejando mi vagancia de lado, este sería el reto 22: Relata una situación en la que alguien se vea obligado a cortarse el pelo por algo fuera de lo corriente.

Bueno, he intentado hacerlo lo mejor que he podido pero no sé si me ha salido muy bien. Sería como la "continuación" del reto de Marzo #1

Dejo enlaces del reto aquí:

http://plumakatty.blogspot.com.es/2017/12/origireto-creativo-2018-juguemos.html#gpluscomments

http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com.es/2017/12/reto-de-escritura-2018-origireto.html

Podéis buscar la información de este reto en esos enlaces o en Twitter, con el hashtag #OrigiReto2018 con las organizadoras @Stiby2 y @MUSAJUE

Au revoir! Nos leeremos pronto!

lunes, 26 de marzo de 2018

#Origireto2018: Marzo #1


Un metro con setenta y nueve coma tres centímetros.

1.79,3

Cuatro números que me tienen de cabeza.  

Para una persona normal, esa altura es una estatura más que suficiente considerando que la media llega a los 1.70 con suerte. Pero para mí no lo es. Sobre todo, considerando que el desgraciado que tengo por mejor amigo es una maldita jirafa de 1.84,3. Y teniendo en cuenta también que al maldito le fascina regodearse de eso.

—¿Qué? ¿Aún sin llegar al metro ochenta? —sonríe alegre, burlándose en mi maldita cara.

Es una pregunta retórica, claramente. Estoy seguro de que ha pegado la oreja a la puerta mientras me hacían la revisión médica, su naturaleza de cotilla es así desde que nació. Tiene un gen en su ADN que le obliga a cotillear acerca de todo.

—Cállate. 

Levanta la cabeza con altanería, sus cabellos castaños sacudiéndose ligeramente ante el movimiento y haciéndole parecer más alto de lo que ya de por sí es.

El muy maldito.

—No hace falta que te enfades por eso, siempre has sido el más enano de los dos. Pensaba que lo tenías asu…

Le doy un codazo en todas las costillas. Sabe que se lo ha ganado a fuerza, pero igualmente se atreve a quejarse.

—Venga, no te cabrees por eso —pasa un brazo por mis hombros cuando echamos a andar—. Mientras puedas saltar, sirve. Ya eres la estrella del equipo, ¿qué más da unos centímetros más o menos? Cuando te deprimas por eso, recuerda al Pulgarcito y verás como te alegras.

Le dedico mi mejor mirada de “vete a la real mierda”, pero son demasiados años y ya se ha acostumbrado a todas las miradas y golpes que le doy. Es prácticamente inmune.

En realidad, tiene cierto punto de razón. Ese niño (Pulgarcito, es el apodo que le ha puesto ese idiota) no llega al metro sesenta ni de broma, de eso estoy seguro. Pero salta que no veas. Ya nos ha ganado dos partidos con su enanez, no hay que subestimarlo.

—¿Estás tratando de animarme, o es que quieres que te dé otra hostia?

—Tan irascible… —canturrea con su sonrisita alegre, dándome unas palmaditas en el hombro que me irritan aún más—. Aunque no llegues al metro ochenta, seguiré dándote pases igual, no te preocupes.

Pongo los ojos en blanco mientras le doy otro codazo. Se los gana a pulso. Pese al tiempo, sigue siendo ese niño pequeño que le encanta picar a los demás. Y yo siempre he sido su objetivo número uno, sin duda alguna.

—¿Sabes? Puedes irte un poquito a la mierda, o si quieres te mando yo con mucho gusto. Elige.

—Eres tan cruel con tu mejor amigo —hace un puchero—. Parece que no me soportas.

—No es que lo parezca —aclaro—, es que no te soporto.

—¡Eres cruel! —lloriquea. Estoy tan acostumbrado a sus pucheros que ya me los sé de memoria. Cosas que tienen ser mejores amigos desde críos—. ¡Y yo que pensaba regalarte por tu cumpleaños una guía de crecimiento!

Le creo. No es la primera vez que lo hace. Ya me ha regalado el libro de Germán Álvarez, titulado “Más estatura”. Luego me regaló una camiseta de Godzilla como compensación por la broma. Lo peor es que he llegado a leer el maldito libro y no he crecido ni un solo centímetro.

Pero antes muerto que admitirle a ese imbécil que me he leído su estúpido libro. Se burlaría de mí por el resto de la eternidad e incluso en el Más Allá.

—Te metes tu regalo por donde te quepa, idiota.

—Eh, venga, va, esta vez te daré el de “La guía definitiva para crecer de estatura”. ¿Te parece?
Tercer codazo, y no será el último.

—¡Oye, que ahora tenemos entrenamiento! —se queja, acariciándose el torso con la mano que no tiene sobre mi hombro. El desgraciado incluso camina con la espalda ligeramente arqueada para hacerme sentir más pequeño.

Si piensa que se lo voy a admitir, va listo. Nunca me he infravalorado ante él por nada, y son demasiados años asumiendo que no puedo crecer más que el maldito uno setenta y nueve con tres. Él también lo sabe, pero le encanta picarme. Siempre le gusta llevar a sus límites a los demás.

En serio, ¿cómo soy amigo de este idiota?

—Habértelo pensado antes de meterte conmigo.

—Vamos, pero si así me quieres —¿qué le golpeo esta vez? La rodilla es tentadora, pero la que está a mi lado es la que tiene mal y no quiero hacerle tanto daño, pero si estiro la pierna hasta la otra, podemos acabar tropezando. Nada, pues otro codazo—. ¡Oye, otra vez no!

—Agradece que solo sean codazos y no estampe tu cara contra la pared.

—Abusas de mi hermosa personalidad. Debería denunciarte por maltrato.

—No sé a qué estás esperando.

—Te quiero mucho para denunciarte —se pone la mano libre en el pecho.

—Dramático —ruedo los ojos.

Entramos en el gimnasio, y ambos nos dirigimos al entrenador para entregarle los papeles de la revisión médica. Frunce el ceño al ver los resultados de mi mejor amigo idiota. Ya sé lo que le va a decir incluso antes de que abra la boca. Para algunos habrá pasado desapercibido, pero yo he notado la considerable bajada de peso que ha sufrido durante la semana, aunque no ha querido soltar prenda por mucho que le insistí.

Como suponía, se lo pregunta directamente. Sin rodeos.

—Es solo que no he tenido hambre estos días —se excusa, retirando el brazo de mis hombros para ponerlo detrás del cuello—. Muchos exámenes. Más preocupante es la falta de crecimiento de este niño —me revuelve el pelo y le miro cabreado.

Aparte de que miente, no puede dejar de meterse con mi altura ni aún para inventarse un mejor desvío de tema.

Idiota.

—Espero que en la siguiente revisión recuperes todos esos kilos que has perdido —advierte el entrenador, y luego me mira—. Te lo encargo.

Asiento. Estoy muy acostumbrado a que me dejen al cuidado de ese niño de metro ochenta. Desde críos ha sido así, no tenía por qué cambiar en la adolescencia, pese a lo mucho que podamos crecer.

Le veo alejarse para reunirse con los demás. Suspiro.

La inteligencia no crece con el cuerpo.

Salut, lectores :3

Bueno, llego con el primer reto de Marzo que me he saltado mi línea porque no tenía inspi para el reto que me propuse de este mes. Lo de las redes sociales es ciertamente difícil, así que lo dejo para más tarde.

Este es el reto #8 del #Origireto2018:
Escribe una historia en la que el protagonista esté obsesionado con algo relacionado con su altura.

Así que esta es la historia :3 La pegatina la pondré al final del reto 2 de Marzo, y podéis encontrar las bases del reto en el primer reto de Enero de este blog o en Twitter, como @Stiby2 y @MUSAJUE a las organizadoras.

¿Merezco comentario/voto? ¿Disparo? ¿Tartita?

Au revoir! Nos leeremos pronto :3